Agosto no tiene por qué ser un mes muerto (si haces esto)
Agosto puede ser tu peor mes o un mes rentable. Te cuento las estrategias que funcionan para mantener ingresos cuando todo el mundo está de vacaciones.
Equipo Editorial

La semana pasada hablé con Laura, que tiene un centro de yoga en Sevilla. Me llamó casi llorando a principios de agosto del año pasado. "Kike, he tenido que cancelar 12 clases esta semana porque no vino nadie. Literalmente nadie. ¿Cierro en agosto directamente?"
En ese mismo momento, Marcos, que tiene un gimnasio en Valencia, me mandaba un mensaje muy distinto: "Este agosto vamos un 15% por debajo del resto del año, pero el año pasado estábamos al 35%. Las cosas que probamos están funcionando."
La diferencia entre ambos no era el tamaño del centro, ni la ciudad, ni siquiera el tipo de actividad. Era que Marcos había entendido algo fundamental: agosto no tiene por qué ser un desastre si dejas de luchar contra él y empiezas a trabajar con él.
El problema real de agosto en tu centro
Vamos a ser claros. Agosto es duro. La asistencia cae. En algunos centros he visto caídas del 60% o incluso del 70%. Tus clientes están de vacaciones, en la playa, visitando a la familia o simplemente desconectados de sus rutinas habituales.
Pero aquí está el error que cometen la mayoría: piensan que la única opción es aguantar el golpe, reducir personal al mínimo y esperar a septiembre. Algunos directamente cierran y pierden todo el mes.
El problema con esa estrategia es doble. Primero, pierdes ingresos cuando probablemente más los necesitas (julio ya suele ser flojo). Segundo, pierdes el contacto con tus clientes durante un mes entero. Cuando vuelven en septiembre, algunos ya han perdido el hábito. Otros han encontrado alternativas.
Carolina, que gestiona un estudio de pilates en Barcelona, lo vio claramente el año pasado. Cerró todo agosto. Cuando reabrió en septiembre, 8 de sus clientes habituales no volvieron. "Me costó tres meses recuperar los números de junio," me contó.
Lo que realmente funciona en verano
Después de hablar con decenas de propietarios y analizar qué hacen los centros que mejor llevan agosto, he visto tres estrategias que funcionan de verdad.
Adapta tus horarios a la realidad del verano
La gente que se queda en la ciudad en agosto tiene rutinas completamente diferentes. No van a venir a las 19:00 después del trabajo porque muchos están de vacaciones o trabajan menos horas. Pero sí vienen a las 8:00 de la mañana antes de que apriete el calor, o a las 20:30 cuando ya refresca.
Javier tiene un box de crossfit en Málaga. Hace dos años probó algo: eliminó todas las clases entre las 11:00 y las 18:00, y añadió sesiones a las 7:00 y a las 21:00. El resultado fue sorprendente. La asistencia en agosto pasó de un promedio de 9 personas por clase a 14. "La gente agradece no tener que entrenar a las tres de la tarde con 38 grados," me dijo.
No necesitas mantener la misma oferta que en invierno. De hecho, es un error. Concentra tus clases en los horarios donde la gente realmente puede y quiere venir.
Crea clases específicas para agosto
Aquí viene algo contra-intuitivo: agosto es el momento perfecto para probar formatos diferentes que no harías el resto del año.
Patricia, que gestiona un centro de yoga en Madrid, lanzó hace tres años unas "clases de yoga al amanecer" en el parque del Retiro durante agosto. Empezó con 6 personas el primer día. A mediados de mes tenía lista de espera con 22 personas apuntadas. Cobraba 10 euros por clase, solo para clientes del centro.
Lo interesante es que estas clases crearon algo que no esperaba: engagement. La gente compartía fotos en Instagram, traían amigos, hablaban de ello. Cuando llegó septiembre, 4 de esas personas que habían venido como invitadas se hicieron socias del centro.
Otros formatos que he visto funcionar en agosto:
Clases express de 30 minutos. La gente tiene menos tiempo o menos ganas de sesiones largas cuando hace calor. Roberto, que tiene un estudio de entrenamiento funcional en Bilbao, pasó todas sus clases de agosto de 60 a 40 minutos. La asistencia bajó solo un 25% en lugar del 50% habitual.
Entrenamientos al aire libre. Si tienes un parque cerca o algún espacio exterior, úsalo. El aire libre en verano es un plus, no un problema.
Clases temáticas de verano. Marta hizo una serie de "yoga para surfistas" en su centro de San Sebastián. Aunque pocos de sus clientes hacían surf de verdad, la idea enganchó. Vendió 45 bonos de 4 clases específicamente para esa serie.
Promociones que tienen sentido (no regalos desesperados)
Aquí es donde muchos centros se equivocan. Ven que baja la asistencia y empiezan a regalar cosas: "trae un amigo gratis", "50% de descuento en agosto", "prueba gratuita todo el mes".
El problema con eso es que estás diciendo: "Mi servicio vale tan poco que te lo regalo". Y cuando septiembre llega, esa percepción se queda.
Las promociones que funcionan en agosto son las que aportan valor sin devaluar tu servicio.
Alberto tiene un gimnasio en Zaragoza. En agosto ofrece "bonos de verano" de 10 sesiones válidas hasta octubre por 90 euros (su precio normal sería 120 euros). La clave está en dos cosas: primero, son válidas hasta octubre, así que la gente que se va de vacaciones las puede usar cuando vuelve. Segundo, el descuento es razonable pero no desesperado.
Vendió 34 bonos el agosto pasado. Eso le generó 3.060 euros de ingresos inmediatos, y lo mejor: 34 personas que volvieron en septiembre con sesiones ya pagadas. Muchas acabaron haciéndose socias regulares.
Otra idea que vi funcionar fue la de Isabel, que gestiona un centro de pilates en Granada. Creó un "pack de mantenimiento de agosto": 4 clases al mes por 45 euros, solo para socias actuales. El mensaje era claro: "Sabemos que agosto es raro, pero no pierdas todo lo trabajado. Ven una vez a la semana y mantente activa."
18 de sus socias lo compraron. No fue una locura de ingresos, pero mantuvo el centro con movimiento, mantuvo a esas personas conectadas y evitó que perdieran el hábito.
Lo que no debes hacer en agosto
Tan importante como saber qué hacer es saber qué evitar.
No cierres completamente. Ya lo he dicho, pero lo repito porque es el error más grave. Cada día que cierras es un día que tus clientes pueden irse a otro sitio o perder el hábito.
No mantengas exactamente la misma oferta. Si tienes 25 clases a la semana en enero y mantienes las 25 en agosto con 3 personas en cada una, estás tirando el dinero en personal y luz. Reduce, adapta, concentra.
No hagas descuentos locos. He visto centros ofrecer "2 meses por el precio de 1" en agosto. ¿Sabes qué tipo de cliente atraes con eso? El que solo busca chollos y se irá en octubre. No vale la pena.
No ignores a quien sí está. Este es sutil pero importante. A veces nos obsesionamos tanto con recuperar a quien se fue que olvidamos cuidar a quien se quedó. Las personas que vienen a tu centro en agosto son tus clientes más fieles. Dales algo especial. Un detalle, una clase sorpresa, lo que sea. Ellos lo recordarán.
Los números reales de hacer las cosas bien
Volvamos a Marcos, el del gimnasio en Valencia del que hablé al principio. Él implementó varias de estas estrategias hace dos años. Te cuento los números concretos porque los tengo delante.
Agosto 2022 (antes de cambios): 68% de caída en asistencia media, ingresos un 45% por debajo de la media anual.
Agosto 2023 (primer año con cambios): 42% de caída en asistencia, ingresos un 28% por debajo de la media. Mejoró 17 puntos porcentuales.
Agosto 2024 (refinando la estrategia): 35% de caída en asistencia, ingresos un 15% por debajo. Prácticamente duplicó el rendimiento del peor año.
¿Qué hizo? Adaptó horarios, creó un "bootcamp de verano" al aire libre tres días a la semana, vendió bonos flexibles válidos hasta noviembre, y mantuvo contacto constante con sus clientes por WhatsApp.
¿Fue fácil? No. El primer año hubo prueba y error. Algunas clases no funcionaron y las quitó. Algunos horarios no engancharon. Pero aprendió y ajustó.
Laura, la de Sevilla que empezó este artículo casi llorando, aplicó varias de estas ideas el año siguiente. Aún le cuesta agosto, no voy a mentir. Pero pasó de cancelar 12 clases en una semana a mantener 5 clases semanales con una media de 7 personas. No es su mejor mes, pero dejó de ser una sangría.
El cambio de mentalidad que necesitas
Al final, agosto no es el problema. El problema es esperar que agosto sea como marzo.
No va a serlo. La gente está de vacaciones, hace calor, las rutinas cambian. Eso no va a cambiar hagas lo que hagas.
Pero lo que sí puedes cambiar es cómo respondes a esa realidad. Puedes cerrar, cruzar los dedos y esperar que en septiembre todos vuelvan. O puedes adaptar tu centro a lo que agosto realmente es: un mes diferente que requiere estrategias diferentes.
Los centros que mejor funcionan en agosto son los que dejaron de intentar luchar contra el mes y empezaron a trabajar con él. Ajustan horarios, crean experiencias específicas de verano, mantienen el contacto con sus clientes y ofrecen opciones flexibles que tienen sentido para cómo vive la gente en agosto.
No te digo que agosto vaya a ser tu mejor mes. Probablemente nunca lo sea. Pero sí puede dejar de ser el mes que temes y pasar a ser simplemente un mes más flojo donde igual innovas, pruebas cosas nuevas y mantienes tu centro con vida.
Y cuando llegue septiembre, en lugar de empezar desde cero intentando recuperar a gente que se fue, arrancarás con un centro activo, clientes que han mantenido el hábito y quizás algunas ideas nuevas que funcionan tan bien que las mantienes todo el año.
Así que no, agosto no tiene por qué ser un mes muerto. Pero tienes que decidir tratarlo diferente.

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Expertos en gestión de centros de bienestar
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