Cómo usar bonos y packs para tener ingresos recurrentes (y dejar de vivir al día)
Si cada mes empiezas desde cero con los ingresos, este artículo es para ti. Aprende a crear bonos que la gente quiera comprar y que te den previsibilidad financiera.
Equipo Editorial

Conozco a un montón de instructores de yoga y pilates que cada mes empiezan desde cero. Literalmente. El día 1 de marzo miran su cuenta bancaria y piensan "a ver cuánto entra este mes". Cobran clase por clase, la gente paga cuando puede (o cuando se acuerda), y al final del mes nunca saben si van a llegar justos o van a poder respirar tranquilos.
Es una forma agotadora de llevar un negocio. Porque además de dar las clases, preparar las sesiones y atender a tus alumnos, tienes que estar constantemente vendiendo y persiguiendo pagos. Y cada mes es como empezar de nuevo.
La solución a esto no es un secreto. De hecho, llevas años viéndola en gimnasios, centros de fitness y estudios grandes. Se llama cobrar por adelantado mediante bonos y suscripciones. Pero hay una diferencia enorme entre vender bonos porque "todo el mundo lo hace" y diseñar un sistema de bonos que realmente funcione para ti y para tus alumnos.
Por qué la gente compra bonos (pista: no es solo por el descuento)
Mucha gente piensa que los bonos se venden solo porque son más baratos que pagar clase suelta. Y sí, el precio importa, pero no es la razón principal.
La gente compra bonos porque tomar la decisión una sola vez es más fácil que tomarla veinte veces. Piénsalo. Si alguien tiene que decidir cada semana si viene a clase o no, y encima tiene que pagar cada vez, hay muchas oportunidades para que diga "hoy no, la semana que viene ya iré". En cambio, si ya ha pagado un bono de 10 clases, la decisión está tomada. Ya ha invertido. Ahora solo tiene que presentarse.
Esto tiene un nombre en psicología: coste hundido. Cuando alguien ya ha pagado por algo, está mucho más motivado para aprovecharlo. Y eso es bueno para ti (tienes el dinero por adelantado) y es bueno para ellos (vienen más a menudo, progresan más, están más contentos).
Además está el tema de la comodidad. A nadie le gusta estar sacando la tarjeta cada vez que hace algo. Yo tengo el abono del gimnasio, del transporte público, de Netflix, de Spotify. No es porque sean más baratos necesariamente, es porque no quiero estar pensando en pagar cada vez que uso algo.
Los tipos de bonos que funcionan (y los que no)
He visto bonos de todo tipo. Algunos funcionan genial, otros no los compra ni Dios. Vamos a ver qué tiene sentido.
Bonos por sesiones
Es lo más clásico y lo que mejor funciona para empezar: un pack de 5, 10 o 20 clases. Simple, claro, fácil de entender.
El truco está en el precio y en la caducidad. Si vendes un bono de 10 clases al mismo precio que 10 clases sueltas, ¿para qué va a comprarlo alguien? Tiene que haber un descuento que compense el compromiso. Normalmente entre un 10% y un 20% funciona bien. No hace falta regalar nada, solo que se note la diferencia.
Y la caducidad es fundamental. Bonos sin caducidad son bonos que no se usan. Alguien compra 10 clases "para cuando tenga tiempo" y un año después ha venido tres veces. No ha progresado, no está contento, y tú has cobrado por 10 clases que apenas ha usado. Todos perdemos.
Tres meses para un bono de 10 clases suele ser razonable. Significa venir una vez por semana y te deja margen si te pones malo o te vas de viaje. Es suficiente para crear el hábito pero no tanto como para que se olviden.
Bonos de tiempo ilimitado
Aquí es donde empiezas a subir de nivel. Un bono que te deja venir a todas las clases que quieras durante un mes, dos meses o tres meses.
Esto funciona muy bien para gente que ya tiene el hábito. Si alguien viene tres o cuatro veces por semana, un bono ilimitado mensual le sale mejor que estar comprando bonos de sesiones todo el rato. Y a ti te da previsibilidad: sabes que ese alumno está pagando todos los meses.
Pero ojo, no se lo vendas a alguien nuevo que nunca ha venido. Porque se va a agobiar, va a sentir que no lo aprovecha, y en dos meses se va. Los bonos ilimitados son para gente que ya viene mucho o que tiene mucha motivación.
Suscripciones mensuales automáticas
Esto es lo que de verdad te cambia la vida como profesional. Es lo mismo que el bono ilimitado mensual, pero con una diferencia clave: se renueva solo cada mes.
No tienes que acordarte de avisar a la gente cuando se les acaba el bono. No tienes que perseguir pagos. El cobro se hace automático el día 1 (o el día que sea) y punto. El alumno puede cancelar cuando quiera, pero mientras no cancele, sigue pagando.
Esta es la forma en la que Netflix, Spotify y todas esas empresas se han hecho enormes. No porque te encierren en contratos imposibles de cancelar, sino porque hacen que pagar sea tan cómodo que ni te acuerdas.
Yo tengo suscripciones a cosas que uso una vez al mes. ¿Por qué no las cancelo? Porque es más fácil dejar que siga cobrándose que acordarme de cancelar. Y sobre todo, porque cuando las necesito, están ahí. No tengo que volver a registrarme ni meter la tarjeta otra vez.
Para un estudio de yoga o pilates, tener aunque sea 20 alumnos en suscripción mensual te da una base de ingresos garantizados cada mes. Eso es tranquilidad. Sabes que mínimo entran X euros, y a partir de ahí todo lo demás es extra.
Bonos compartibles
Esto es una joya que mucha gente no usa y es una pena. Un bono que pueden usar dos personas de la misma familia o grupo de amigos.
Funciona genial para madres e hijas, parejas, amigas. Compran un bono de 20 clases y se lo reparten. Algunas veces vienen juntas, otras veces por separado. Les sale más barato que comprar dos bonos individuales, y tú vendes un bono más grande.
Y encima, cuando vienen juntas, generan mejor ambiente en clase. La gente que viene acompañada suele estar más motivada y faltar menos.
Eso sí, técnicamente esto requiere que tu software de gestión lo permita. No todos lo hacen. Pero si puedes, merece mucho la pena.
Cómo fijar precios sin cagarla
Este es el punto donde mucha gente se bloquea. ¿Cuánto cobro por un bono de 10 clases? ¿Y por uno mensual ilimitado?
Vamos por pasos. Primero tienes que saber cuánto vale tu clase suelta. Si no tienes precio de clase suelta porque nunca has vendido así, invéntatelo. Tiene que existir como referencia.
Digamos que tu clase suelta vale 12 euros. Un bono de 10 clases, si no hubiera descuento, serían 120 euros. Con un 15% de descuento, lo dejas en 102 euros. Fácil. Diez clases por 100 pavos suena redondo y bien.
Para el bono mensual ilimitado, piensa en cuántas veces viene la gente de media. Si tu alumno promedio viene tres veces por semana, son 12 clases al mes. A 12 euros la clase serían 144 euros. Pero como es ilimitado y estás dando comodidad, puedes dejarlo en 90-110 euros al mes. Sigue siendo mejor que pagar clase por clase, pero tampoco estás regalando nada.
La clave es que el descuento se note pero que tú sigas ganando bien. No tiene sentido hacer descuentos del 40% "para que compre más gente". Si tienes que hacer eso para vender, el problema no es el precio, es que tu propuesta de valor no está clara.
Y otra cosa: no tengas miedo de subir precios. Si llevas dos años con los mismos precios, probablemente deberías subirlos. Todo sube (el alquiler del local, la luz, la comida), tus precios también pueden subir. A los alumnos que ya tienen bonos activos se los respetas, pero los nuevos bonos se venden al precio nuevo. Es normal.
Las caducidades tienen que ser justas pero reales
Ya lo he dicho antes pero lo repito porque es importante: los bonos sin caducidad son un error.
Ahora bien, poner una caducidad muy corta también es un error. Si vendes un bono de 10 clases que caduca en un mes, estás diciendo que la gente tiene que venir 2-3 veces por semana sin falta. Eso es mucha presión, y la mayoría no lo va a conseguir. Van a perder sesiones, se van a mosquear, y no van a volver a comprar.
Lo justo es calcular una frecuencia realista y darles un poco de margen. Para 10 clases, tres meses está bien. Para 5 clases, seis semanas o dos meses. Para bonos mensuales ilimitados, pues un mes, obviamente.
Y muy importante: tienes que avisar cuando se acerca la caducidad. Esto no lo tienes que hacer tú manualmente. Si tu plataforma de gestión es decente, manda avisos automáticos tipo "quedan 7 días para que caduque tu bono y aún te quedan 3 clases". Eso le da a la persona tiempo para venir y aprovecharlo, y a ti te quita curro.
La opción de pausar bonos es oro puro
Esto es algo que separa a los profesionales de los aficionados. Poder pausar un bono temporalmente.
Imagina: alguien ha comprado un bono de tres meses, ha venido súper bien durante mes y medio, y de repente se lesiona. O se tiene que ir dos semanas de viaje por trabajo. O lo que sea.
Si no puede pausar el bono, tiene dos opciones: perder esas clases que ha pagado, o venir lesionado/estresado/sin ganas y tener una mala experiencia. Ninguna de las dos es buena.
En cambio, si puede pausar el bono durante tres semanas y luego retomarlo, todo el mundo contento. Él no pierde su dinero, tú mantienes a un cliente satisfecho, y cuando vuelve está motivado de verdad.
Esto requiere confianza, claro. Tienes que confiar en que la gente no va a abusar pausando y reanudando constantemente. Pero en mi experiencia, la gente es bastante honesta con esto. Casi nadie abusa. Y los que lo hacen, bueno, probablemente no eran buenos clientes de todas formas.
Cómo vender bonos sin ser un vendedor de coches usados
Mucha gente del mundo del yoga y el bienestar odia vender. Sienten que están presionando a la gente o siendo comerciales de una forma que no va con ellos.
Lo entiendo, pero vender bonos no es vender motos. Es ofrecerle a alguien una forma mejor de practicar y de organizarse.
Cuando alguien nuevo viene a clase por primera vez, no le metas el bono por los ojos. Deja que pruebe, que vea si le gusta tu estilo, que sienta el ambiente. Pero en la segunda o tercera vez que viene, ahí sí puedes decirle: "Oye, veo que te está gustando. Si quieres venir con regularidad, tenemos bonos que te salen mejor de precio y te quitas el rollo de estar pagando cada vez".
No es presión. Es información útil.
Y para la gente que ya viene con bonos, cuando se les está acabando, un recordatorio amable funciona muy bien: "Veo que te quedan dos clases del bono. ¿Quieres que te prepare el siguiente?" Simple, directo, servicial.
También puedes hacer promociones puntuales en momentos estratégicos. Enero (propósitos de año nuevo), septiembre (vuelta de vacaciones), después de Navidad. Ahí la gente está más receptiva a comprometerse con algo nuevo. Un "este mes los bonos de 10 clases tienen una clase extra gratis" puede funcionar genial.
Pero no hagas ofertas todo el rato. Si siempre hay alguna promo, la gente aprende a esperar y nunca compra a precio normal.
El poder de los ingresos predecibles
Volvamos al principio. La razón por la que todo esto importa no es solo vender más. Es dormir tranquilo.
Cuando tienes 30 alumnos con suscripciones mensuales automáticas, sabes que cada mes entran mínimo 3.000 euros (si cobras 100 por suscripción). Eso es una base. Luego vendes más bonos, das clases privadas, haces workshops, lo que sea. Pero tienes una base garantizada.
Esa certeza te permite tomar mejores decisiones. Puedes planificar formaciones, mejorar el espacio, contratar ayuda. No estás en modo supervivencia constante.
Y también te permite relajarte con la venta. No estás desesperado por que cada persona nueva compre inmediatamente. Puedes dejar que las cosas fluyan, que la gente te conozca, que se enganchen de verdad. Porque sabes que los números base están cubiertos.
Los bonos y suscripciones no son una forma de sacarle más dinero a la gente. Son una forma de crear una relación más estable y honesta con tus alumnos. Ellos se comprometen a venir con regularidad (que es lo que necesitan para progresar), y tú te comprometes a estar ahí para ellos cada semana (que es lo que necesitas para tener un negocio sostenible).
Todo el mundo gana.

Sobre Equipo Bonsai
Expertos en gestión de centros de bienestar
¿Te gustó este artículo?
Artículos relacionados
Continúa leyendo sobre temas similares

Qué hacer con las clases que nadie reserva (sin quitarlas del horario todavía)
Paula tiene un estudio de yoga en Zaragoza. Unos 120 alumnos activos, horario completo, clases que funcionan muy bien. Pero hay una clase que lleva tres meses...

Bonos de verano que funcionan (y no te dejan sin liquidez)
El verano pasado, Marta, que lleva tres años con su centro de yoga en Alicante (barrio de Carolinas), lanzó sus "Packs Infinity de Verano": 60€ por clases...

Cómo elegir el programa ideal para gestionar tu centro de yoga, pilates o wellness
Hace unos meses hablaba con Laura, que tiene un estudio de yoga en Ruzafa. Me contaba que llevaba tres años gestionando todo con Excel y WhatsApp, y que estaba...