Qué hacer con las clases que nadie reserva (sin quitarlas del horario todavía)

Tienes una clase con 2-3 personas cada semana y no sabes si quitarla o insistir. Antes de eliminarla del horario, prueba estas estrategias que funcionan.

Equipo Bonsai
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Gestión de horarios de clases con poca asistencia

Paula tiene un estudio de yoga en Zaragoza. Unos 120 alumnos activos, horario completo, clases que funcionan muy bien. Pero hay una clase que lleva tres meses siendo un problema: los martes a las 12:00h, Hatha Yoga con Elena.

Se apuntan 2 personas. A veces 3. Un día vino solo 1. La sala tiene capacidad para 18.

Elena le pregunta cada dos semanas: "¿Quitamos la clase? Esto no tiene sentido". Pero Paula no está segura. Por un lado, dar clase para 2 personas es ineficiente. Por otro, esas 2 personas son fieles y si quita la clase las va a perder. Y además, ¿y si el problema es temporal? ¿Y si con un poco de esfuerzo la clase despega?

Le dije: "Antes de quitarla, prueba estas cosas. Si en dos meses sigue igual, la quitas sin remordimientos. Pero dale una oportunidad real antes de tirar la toalla".

Dos meses después la clase tenía 8 personas fijas. No es una clase llena, pero es sostenible. Y lo mejor: Elena ya no se siente frustrada y las dos alumnas originales siguen ahí, más contentas que nunca.

Por qué hay clases que no funcionan (y no es culpa tuya)

Primero, respira. No todas las clases tienen que estar llenas. No eres un fracaso porque una de tus 15 franjas horarias tenga poca gente.

Las clases vacías suelen tener razones muy concretas:

El horario no encaja con el estilo de vida de tu gente. Una clase de mediodía entre semana en un barrio de oficinas puede funcionar bien. La misma clase en un barrio residencial donde todo el mundo está trabajando fuera, no. El contexto importa.

La profesora es nueva y la gente todavía no la conoce. Aunque sea buenísima, si lleva dos meses en tu estudio y tus alumnos llevan años con el resto de profes, van a necesitar tiempo para confiar en ella y probar sus clases.

El tipo de clase no encaja con lo que tu comunidad busca. Si tu estudio es conocido por vinyasa dinámico y de repente metes una clase de yin yoga restaurativo a las 19:00h cuando la gente viene a sudar, no va a funcionar. No porque el yin sea malo, sino porque no es lo que esa gente espera a esa hora.

El nombre de la clase es confuso o aburrido. He visto clases llamadas "Práctica Integral de Asanas Nivel II". ¿Qué significa eso? ¿Quién se anima a reservar algo que no entiende?

O simplemente mala suerte de timing. Empezaste la clase en agosto cuando nadie estaba, o justo cuando tres de tus alumnas habituales se quedaron embarazadas, o en un momento donde todo tu estudio estaba en un bajón general.

La clave es identificar cuál es el problema real antes de actuar.

Antes de quitar la clase: muévela de horario

Esto es lo primero que tienes que probar. Muchas veces el problema no es la clase en sí, es la hora.

La clase de Elena era los martes a las 12:00h. ¿Quién puede venir a yoga un martes a mediodía? Gente que trabaja desde casa, jubilados, personas sin horario fijo. En el estudio de Paula había muy poca gente en ese perfil.

Le propuse: "Prueba a moverla a las 19:30h. A esa hora tienes más margen de gente que sale del trabajo". Paula dudaba porque ya tenía otra clase de Vinyasa a las 19:00h. Le dije: "No pasa nada por tener dos clases en horarios cercanos si son estilos distintos. Una es Vinyasa dinámico, la otra Hatha más pausado. Distinto público".

Movieron la clase. Primera semana: 5 personas. Segunda semana: 7. Tercera semana: 6. No es que se llenara de golpe, pero triplicó la asistencia solo cambiando la hora.

Si vas a mover una clase, piensa en los horarios que mejor funcionan en tu estudio. Normalmente son:

Mañanas antes de trabajar (7:00-8:30h). Para gente que madruga, que quiere empezar el día con energía. Suele funcionar mejor en grandes ciudades.

Mediodías (13:00-14:30h). Solo en zonas de oficinas donde la gente puede escaparse en la pausa de comida. Difícil en barrios residenciales.

Después del trabajo (18:30-20:30h). El prime time de cualquier estudio. Si tienes una clase vacía en otro horario, moverla aquí suele ayudar. Ojo: puede que estés saturado a esas horas y no te quepa otra clase más.

Fines de semana por la mañana (10:00-12:00h). Gente con tiempo, sin prisas, que viene más relajada. Buen momento para clases más largas o intensivas.

No tengas miedo de mover cosas. Es tu horario, lo puedes cambiar. Avisa con dos semanas de antelación, explica por qué lo haces, y hazlo.

Promociona esa clase específicamente (no todo el estudio en general)

Error clásico. Tienes una clase vacía y mandas un email genérico diciendo "ven a nuestras clases de yoga". Eso no funciona. La gente no sabe qué clase elegir y al final no elige ninguna.

En vez de eso, pon el foco en esa clase concreta durante un mes.

Paula hizo esto: mandó un email solo sobre la clase de Elena. El asunto era: "¿Conoces a Elena? Te estás perdiendo algo especial". En el email contaba quién era Elena, qué tiene de especial su forma de enseñar, para quién es ideal esa clase, y ponía una oferta: "Prueba tu primera clase con Elena gratis. Sin compromiso".

También hizo stories en Instagram durante una semana mostrando momentos de esa clase. Elena ajustando a una alumna. El momento de la relajación final. Una alumna saliendo con una sonrisa enorme. Contenido real, cercano, sin filtros ni poses raras.

Y lo más importante: habló de la clase en persona. Después de otras clases, se acercaba a alumnas que pensaba que podían encajar y les decía: "Oye, creo que te gustaría la clase de Elena de los martes. Es un Hatha más suave pero super consciente, me parece tu rollo. ¿Por qué no la pruebas esta semana?".

Esa conversación directa convierte más que mil posts en redes. Porque es personal, es una recomendación de alguien en quien confían, y cuesta mucho más decir que no en persona que ignorar un email.

Cambia el nombre o la descripción de la clase

A veces la clase está bien, el horario está bien, la profe está bien. El problema es que nadie entiende qué es.

La clase de Elena se llamaba "Hatha Tradicional". Suena bien, pero ¿qué significa? ¿Es para principiantes o avanzados? ¿Es dinámico o suave? ¿Voy a sudar o a relajarme?

Le sugerí cambiar el nombre a algo más claro: "Hatha Slow: fuerza con calma". Y modificar la descripción para que fuera super específica:

"Clase ideal si buscas trabajar fuerza y flexibilidad sin prisas. Nos tomamos tiempo para cada postura, ajustamos con detalle, y sales sintiendo que has trabajado de verdad pero sin agobio. Perfecto para personas que vienen de clases dinámicas y quieren bajar el ritmo, o para principiantes que quieren aprender bien las bases."

¿Ves la diferencia? Ahora cualquiera que lee eso sabe exactamente qué esperar. Y si eso es lo que busca, va a reservar.

Revisa las descripciones de todas tus clases. Si tú misma tienes que pensar dos veces para explicar de qué va, imagina cómo se siente alguien nuevo tratando de elegir.

Usa lenguaje claro. Evita términos técnicos que solo los practicantes avanzados entienden. Y sobre todo, deja claro para quién es esa clase. No tengas miedo de ser específico. Preferible que 10 personas sepan que esa clase es para ellas, a que 100 personas piensen "no sé si esto es lo mío" y no vengan.

Cambia al instructor (aunque duela)

Esto es incómodo, pero a veces necesario.

Puede que la profe sea maravillosa, con años de experiencia, super preparada. Pero si después de tres meses promocionando la clase, moviendo el horario, cambiando la descripción, la asistencia sigue igual... igual el problema es la química entre esa profesora y tu comunidad.

No todas las profes encajan en todos los estudios. Y está bien.

En el caso de Paula, Elena sí funcionó. Pero he visto otros casos donde la solución fue rotar profesores. Una clase de pilates que no funcionaba con María empezó a llenarse cuando la dio Jorge. Misma clase, mismo horario, distinto profe. A veces es solo eso.

Si vas a hacer un cambio de profe, sé honesto. Habla con la persona, explica la situación sin dramatizar. "Mira, esta clase lleva tres meses con poca asistencia. He probado varias cosas y no termina de arrancar. Voy a probar con otro profe a ver si es tema de química con el grupo. No tiene que ver con tu nivel ni con tu forma de dar clase, simplemente necesito intentar algo diferente".

Puede doler. Pero es parte del trabajo. Y una buena profesora lo entenderá.

Haz un pack "descubre nuevas clases"

Esta es una estrategia que funciona muy bien para llenar clases poco conocidas.

Creas un bono especial: "Pack Explorador - 5 clases por 45 euros". Pero con una condición: al menos 3 de esas 5 clases tienen que ser en horarios o con profes que el alumno nunca haya probado.

Esto empuja a tu gente a salir de su zona de confort. Muchos alumnos van siempre a la misma clase, el mismo horario, la misma profe. No porque las otras sean malas, sino por hábito y comodidad. Este pack les da un incentivo para probar algo nuevo.

Paula hizo una versión de esto. Ofreció a sus alumnas más fieles: "Te regalo una clase extra este mes si pruebas la clase de Elena". Funcionó. Varias lo hicieron, y de esas, tres se quedaron como asistentes regulares.

No tiene que ser gratis. Puede ser un descuento, un 2x1, lo que sea. La idea es bajar la barrera de entrada y conseguir que la gente pruebe.

Los números que te dicen cuándo es hora de quitar la clase

Vale, has intentado todo. Moviste el horario, promocionaste la clase, cambiaste la descripción, incluso probaste con otro profe. Han pasado dos o tres meses y la clase sigue teniendo 2-3 personas. ¿Ahora qué?

Ahora sí, probablemente toca quitarla.

Aquí van los números que yo uso como referencia:

Si la clase tiene menos de 5 personas durante más de dos meses seguidos, y ya probaste al menos 3 cambios diferentes, es momento de retirarla.

Si la clase no cubre los costes. Si pagas a la profe un fijo por clase y solo vienen 2 personas que pagan 8 euros cada una, pierdes dinero. Puedes aguantar eso un mes o dos mientras intentas arreglarlo, pero no indefinidamente.

Si la propia profesora está quemada. He visto profes dando clases para 2 personas durante meses, sintiendo que su trabajo no vale nada, perdiendo motivación. Eso es tóxico. Si la profe está mal, la clase nunca va a mejorar.

Si esa franja horaria podría usarse para algo que funcione mejor. Tienes lista de espera en otras clases y esta está vacía. Quita la vacía, expande la que tiene demanda. Es lógica pura.

Pero ojo: no mires solo los números de una semana. Un mal día no significa nada. Dos malas semanas tampoco. Pero dos meses malos después de haber intentado mejorarlo, eso sí es una señal clara.

Cómo comunicar que quitas una clase sin cabrear a nadie

Tienes que quitarla. Vale. ¿Cómo lo dices sin que parezca que estás abandonando a las 2-3 personas que sí venían?

Primero, avísales con tiempo. Mínimo dos semanas, idealmente un mes. Nada de "esta es la última clase, por cierto". Eso genera cabreo legítimo.

Segundo, ofrece alternativas concretas. No digas solo "lamentamos informar que cerramos esta clase". Di: "Esta clase se cierra, pero puedes venir a la clase de Hatha con Marta los jueves a las 19:00h, que tiene un estilo similar. O si ese horario no te va bien, puedes probar la de Vinyasa Suave con Ana los miércoles. Ven a probar ambas gratis antes de decidir".

Tercero, habla con las personas que venían habitualmente. Llámales o háblales en persona. "Oye, quería contarte que vamos a cerrar la clase de los martes porque no ha terminado de funcionar. Sé que tú venías siempre y te lo agradezco muchísimo. Quiero asegurarme de que encuentras otra clase que te encaje igual de bien. ¿Hablamos de opciones?"

Esa conversación directa hace que la gente se sienta vista y respetada. Y la mayoría lo entiende. Saben que una clase de 2 personas no es sostenible.

Cuarto, no te justifiques en exceso ni pidas perdón mil veces. Has intentado que funcionara, no ha funcionado, toca seguir adelante. Es una decisión de negocio normal. Comunícala con claridad y empatía, pero sin dramatizar.

Caso real: de 3 personas a 12 en tres meses

Te cuento otra historia para cerrar.

Conozco un estudio en Valencia que tenía una clase de pilates mat los viernes a las 20:00h que era un desastre. Tres meses dando clase para 3 personas. La profe, Lucía, estaba a punto de tirar la toalla.

Antes de quitarla, probaron esto:

Movieron la clase de viernes 20:00h a sábado 11:00h. La lógica: los viernes por la noche la gente tiene planes sociales, los sábados por la mañana buscan actividad física.

Cambiaron el nombre de "Pilates Mat Intermedio" a "Pilates Fin de Semana: fuerza y desconexión". Más evocador, más claro.

Lucía grabó un video de 60 segundos explicando qué hacían en la clase, mostrando ejercicios, hablando de cómo se sentía la gente al salir. Lo publicaron en Instagram y mandaron por email.

Ofrecieron dos semanas de "prueba gratis para nuevos" en esa clase específica. Si nunca habías venido a esa clase, podías venir gratis dos sábados.

Resultado: primera semana en el nuevo horario, 7 personas. Segunda semana, 9. Al mes, 11. A los tres meses, estable en 12-14 personas cada sábado.

No cambiaron a la profe. No cambiaron el contenido de la clase. Solo ajustaron horario, comunicación, y dieron incentivos para probar. Y la clase pasó de moribunda a sostenible.

Si funciona, déjala en paz

Y una última cosa. Si después de todos estos cambios la clase empieza a funcionar, no sigas tocándola.

He visto gestores que en cuanto una clase empieza a ir mejor, ya están pensando en el siguiente cambio. "Ahora que funciona, igual podemos moverla a otra hora mejor". No. Si funciona, déjala donde está.

Una clase con 8-10 personas estables es una clase sana. No tiene que estar llena hasta los topes. No tienes que optimizar cada centímetro cuadrado de tu estudio. Si la gente viene, está contenta, y la profe está motivada, eso es suficiente.

A veces el éxito no es llenar la sala. Es tener un grupo pequeño pero fiel que disfruta con lo que haces. Eso también es valioso. Y rentable, si gestionas bien los costes.

Insiste antes de rendirte, pero sabe cuándo parar

Las clases vacías son frustrantes. Te hacen dudar de ti, de tu estudio, de si estás haciendo las cosas bien.

Pero la mayoría de veces no son un problema de calidad. Son un problema de timing, comunicación, o match entre lo que ofreces y lo que tu gente busca. Y eso se puede arreglar.

Dale a la clase una oportunidad real. Prueba al menos tres cosas diferentes durante dos o tres meses. Mide los resultados. Si mejora, sigue. Si no mejora, quítala sin culpa.

Tu horario no es inamovible. Es una herramienta de trabajo que tiene que evolucionar según lo que funciona y lo que no. Cambiar cosas no es fracasar, es ajustarse a la realidad.

Y recuerda: cada estudio tiene clases que funcionan mejor y clases que funcionan peor. Es normal. No todas tienen que ser un éxito rotundo. Mientras el conjunto funcione y tu negocio sea sostenible, vas bien.

Paula ahora tiene esa clase de Elena con 8-10 personas fijas. No es su clase más llena, pero es una clase sana que aporta valor. Y Elena está feliz porque siente que su trabajo importa. Eso es lo que buscábamos.

Algunas clases necesitan tiempo. Otras necesitan cambios. Y otras, simplemente no están hechas para existir. Aprender a distinguir cuál es cuál es parte de gestionar bien tu estudio.


Imagen sugerida:

Foto horizontal de una sala de yoga o pilates con tamaño mediano de grupo (6-8 personas), ambiente luminoso y acogedor. El grupo está practicando juntos de forma sincronizada, transmitiendo sensación de comunidad íntima pero viable. La imagen debe transmitir que no hace falta una clase llena para que sea valiosa. Tonos cálidos, luz natural, sin sentir vacío pero tampoco abarrotado. Se busca representar el punto medio entre "clase vacía" y "clase llena": un grupo pequeño pero sostenible y con buena energía. Ideal si se puede ver a una instructora dando indicaciones a este grupo reducido, mostrando atención personalizada como beneficio de las clases más pequeñas.

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