Cómo conseguir colaboraciones con empresas para llenar clases en horarios muertos
Las mañanas vacías de tu centro pueden convertirse en ingresos fijos con clases para empresas. Guía práctica con precios, contactos y casos reales de B2B.
Equipo Editorial

Laura tiene un estudio de pilates en Valencia. Veinte máquinas reformer, dos salas, ubicación buena en Ruzafa. Los martes y jueves por la tarde está a tope. Viernes también. Pero las mañanas de lunes a jueves están prácticamente muertas. Tres o cuatro personas en una sala que puede albergar doce.
Le daba rabia ver ese desperdicio. Espacio pagado, luz encendida, profesores disponibles, y vacío.
Hace un año empezó a contactar empresas de la zona. Le costó. Al principio no sabía ni qué decir ni a quién escribir. Probó mandar emails genéricos a través de formularios web. Nadie le contestó.
Luego cambió de estrategia. Buscó en LinkedIn a responsables de recursos humanos de startups y empresas medianas en un radio de dos kilómetros. Les mandó mensajes directos. Cortos, concretos, sin florituras.
De quince mensajes, tres personas le respondieron. Con dos cerró una reunión. Y con una de ellas, una agencia de marketing digital de 35 empleados, cerró un contrato. Dos clases a la semana, martes y jueves a las 13:00 horas. Entre 10 y 15 personas por clase. Precio fijo de 12 euros por persona y clase.
Ese único cliente le genera entre 240 y 360 euros semanales. Entre 960 y 1.440 euros al mes. Solo con esa empresa.
Después cerró con otras dos. Una startup tech de 25 personas y un despacho de abogados de 18. En total le entran ahora unos 2.800 euros fijos al mes solo de empresas. Y sus mañanas ya no están vacías.
Cuando le pregunté qué había sido lo más difícil, me dijo: "Superar el miedo a escribirles. Pensaba que me iban a mandar a freír espárragos, que qué pintaba yo ofreciéndoles clases. Pero resulta que muchas empresas están buscando activamente este tipo de cosas y no saben ni por dónde empezar".
Si tienes horarios muertos en tu centro, las colaboraciones con empresas pueden ser la solución. No es complicado. Pero hay que hacerlo bien.
Por qué las empresas quieren esto ahora mismo
Desde la pandemia, el wellness corporativo dejó de ser algo de empresas gigantes con presupuestos enormes. Ahora empresas medianas y pequeñas lo están incorporando.
Hay varias razones. Una es que se ha puesto de moda. Empresas compitiendo por talento, queriendo demostrar que cuidan a su gente, que son lugares cool donde trabajar. Tener clases de yoga o pilates para los empleados queda bien. Se vende en entrevistas de trabajo, se publica en Instagram corporativo, refuerza la marca empleadora.
Pero también hay razones más pragmáticas. Las bajas laborales por estrés, ansiedad y problemas de espalda se han disparado. Una persona de baja cuesta dinero. Mucho dinero. Un programa de bienestar que reduzca aunque sea un poco el absentismo puede justificarse fácilmente en términos económicos.
Y hay algo más sutil. La productividad. Empleados que hacen ejercicio durante el día, que desconectan una hora, que reducen tensión, vuelven a trabajar con más energía. Está estudiado. No es magia, es fisiología básica. Un empleado quemado rinde menos. Uno que se mueve y respira bien, rinde más.
Para ti esto significa que hay demanda real. No estás vendiendo algo raro. Estás ofreciendo algo que muchas empresas ya están buscando activamente pero no saben cómo encontrar.
Qué formato funciona mejor: en su oficina o en tu centro
Tienes dos opciones principales.
Opción uno: vas tú a su oficina. Llevas esterillas, material si hace falta, y das la clase en su sala de reuniones, en su terraza, en el espacio que tengan. Esto les encanta porque es cómodo. Los empleados no tienen que desplazarse. Bajan, hacen la clase, suben a ducharse si tienen vestuarios, y siguen trabajando.
Ventajas para ti: cobras más porque es servicio a domicilio. Puedes pedir entre 15 y 20 euros por persona. Y muchas empresas lo prefieren porque la asistencia suele ser más alta.
Desventajas: tienes que moverte tú. Llevar material. Depender de que tengan un espacio decente. He conocido casos donde la "sala" era un pasillo con mesas apartadas. No es ideal.
Opción dos: ellos vienen a tu centro. Les vendes bonos corporativos o un pack mensual. Los empleados se apuntan a tus clases regulares o tienen clases exclusivas para ellos en horarios específicos.
Ventajas: tú no te mueves. Utilizas tu espacio, tu material, tu infraestructura. Y aprovechas horarios muertos.
Desventajas: les estás pidiendo que se desplacen. Eso reduce la asistencia. Funciona solo si tu centro está muy cerca de su oficina.
Laura optó por la segunda opción precisamente porque su estudio está en Ruzafa, rodeado de oficinas. La startup tech está a 400 metros. La agencia de marketing a 600. El despacho de abogados a 800. Todo andando.
Si tu centro está en una zona industrial alejada de todo o en un barrio residencial donde no hay empresas cerca, tendrás que ir tú a ellos.
Los horarios que realmente funcionan
No todas las horas son iguales. Hay franjas que funcionan y otras que no.
La mejor con diferencia: 13:00 a 14:00 horas. Hora de comer. Muchos empleados tienen entre una hora y hora y media para comer. Si la clase empieza a las 13:00 y dura 50 minutos, a las 14:00 están de vuelta. Les da tiempo.
Segunda mejor opción: 8:00 a 9:00 de la mañana, antes de empezar la jornada. Esto funciona especialmente en empresas donde la gente entra flexible, sobre las 9:00 o 9:30. Vienen a las 8:00, hacen la clase, se duchan, y empiezan a trabajar despejados. No todo el mundo está dispuesto a madrugar, pero los que lo hacen suelen ser súper fieles.
Tercera opción: 18:00 a 19:00, al acabar la jornada. Problema: a esa hora tú ya tienes clases llenas normalmente. Además, la asistencia suele ser peor porque la gente quiere irse a casa.
Laura tiene sus dos clases corporativas a las 13:00 los martes y jueves. Me contó que al principio propuso también viernes, pero las empresas le dijeron que los viernes la gente no está por la labor. Prefieren martes y jueves. Son los días más estables en cuanto a asistencia.
Cómo contactar: LinkedIn y email directo
Aquí es donde la mayoría se atasca. ¿A quién escribo? ¿Cómo lo digo?
Primero, identifica empresas cerca de tu centro. Radio máximo de un kilómetro si van a venir a tu espacio, o de cinco kilómetros si vas tú. Usa Google Maps. Busca "empresas", "oficinas", "coworking", "startups". Haz una lista.
Descarta empresas muy grandes (más de 200 empleados, probablemente tengan procesos muy burocráticos) y muy pequeñas (menos de 15 personas, probablemente no tienen presupuesto). El punto dulce está entre 20 y 80 empleados.
Luego busca en LinkedIn. No al CEO. No al director general. Busca "People & Culture", "Recursos Humanos", "Talent Manager", "Office Manager", "HR Manager". Esa es tu persona.
Mándale un mensaje directo. No un InMail genérico. Un mensaje corto, personal, concreto.
Ejemplo de mensaje que funciona:
"Hola [Nombre], veo que trabajas en [Empresa]. Tengo un estudio de pilates/yoga en [Barrio/Calle], muy cerca de vuestra oficina. Trabajo con varias empresas de la zona ofreciendo clases para empleados, normalmente en horario de comida. ¿Sería algo que os pudiera interesar? Si quieres hablamos 10 minutos sin compromiso."
Corto. Sin palabrería. Sin venderle los beneficios del yoga para el alma. Esto es B2B. Van al grano.
Si no te contestan por LinkedIn en una semana, busca su email corporativo. Formato típico: [email protected] o [email protected]. Prueba variaciones. Usa herramientas como Hunter.io si hace falta.
Manda un email igual de directo.
Laura me dijo que de cada diez mensajes, le contestaban dos. Y de cada cinco reuniones, cerraba una. No es magia. Es volumen y persistencia.
El pitch: habla de ROI para ellos, no de chakras
Cuando consigas una reunión o una llamada, no hables de los beneficios espirituales del yoga. Eso no les importa en el contexto corporativo.
Habla de resultados medibles. Habla de reducción de estrés, mejora del clima laboral, reducción del absentismo, aumento de la productividad.
Usa datos si puedes. "Empresas que implementan programas de wellness reportan una reducción del 25% en bajas por estrés". No te los inventes, pero hay estudios reales que puedes citar.
Habla de cómo funciona logísticamente. "Dos clases a la semana, 50 minutos cada una, en horario de comida. Nosotros gestionamos todo, vosotros solo tenéis que comunicarlo a vuestros empleados".
Habla de precio de manera clara y transparente. "El coste es X euros por persona y clase. Si vienen 10 personas, son X euros por clase. Facturamos mensualmente".
No seas vago. No digas "depende" o "ya lo vemos". Eso genera desconfianza. Da números concretos desde el principio.
Y muy importante: facilítales la decisión. Ofrece un mes de prueba. "Podemos hacer un mes de prueba, dos clases a la semana, sin compromiso de permanencia. Si funciona, seguimos. Si no, lo dejamos y ya está".
Eso reduce el riesgo percibido. Nadie quiere firmar un contrato anual de algo que no sabe si va a funcionar. Un mes de prueba es asumible.
Pricing B2B: cuánto cobrar sin parecer caro ni regalarlo
Aquí hay mucha confusión. ¿Cobro igual que una clase normal? ¿Cobro más porque es empresa? ¿Cobro menos para que me digan que sí?
El rango estándar para clases en tu centro: entre 8 y 12 euros por persona y clase.
Si van a venir a tu espacio, estás en el rango bajo. 8-10 euros por persona. Porque básicamente estás llenando un hueco que tenías vacío. Cualquier ingreso extra es bueno.
Si vas tú a su oficina, 15-20 euros por persona. Porque te desplazas, llevas material, es más trabajo para ti.
Puedes estructurarlo como pack mensual. Por ejemplo: 8 clases al mes (2 clases semanales durante 4 semanas), precio cerrado por número mínimo de asistentes.
Ejemplo concreto:
- Precio: 10 euros por persona y clase
- Mínimo garantizado: 10 personas
- Coste por clase: 100 euros (aunque vengan 7 personas, ellos pagan 100)
- Si vienen más de 10, se paga por persona adicional
- Pack mensual: 8 clases = 800 euros al mes
Eso te da previsibilidad. Sabes que vas a ingresar mínimo 800 euros de esa empresa cada mes.
Laura con la startup tech cerró así: 10 euros por persona, mínimo 10 personas, máximo 18 (porque su sala tiene capacidad para 20 y deja margen). Ellos pagan un fijo de 100 euros por clase aunque vengan 8. Si vienen 15, pagan 150 euros. Promedio real: 12 personas por clase, 240 euros por clase, dos clases a la semana, 480 euros semanales, unos 1.920 euros al mes de esa única empresa.
Nada mal para un horario que antes estaba vacío.
El contrato: simple y flexible
No necesitas un contrato de 15 páginas. Pero sí necesitas algo por escrito.
Elementos básicos que debe incluir:
- Duración: 3 meses de prueba renovables automáticamente cada trimestre
- Precio: euros por persona, mínimo garantizado si lo hay, forma de pago
- Horario: días y horas concretas
- Política de cancelación: si cancelan una clase con menos de 24 horas, se cobra igual
- Forma de pago: factura mensual a mes vencido o anticipado
- Condiciones de rescisión: aviso con un mes de antelación por cualquiera de las partes
Tres meses de prueba es clave. Les da tranquilidad. Saben que si no funciona, en tres meses pueden salir. Y a ti también te da margen para ver si la colaboración tiene sentido.
Renovación automática trimestral evita tener que estar renegociando cada poco. Se renueva solo a menos que alguien diga lo contrario.
Laura usa un contrato de una página. Literal. Una página con esos puntos. Se lo manda por email, ellos lo firman digitalmente, y listo. Cero complicaciones.
Caso real con números reales
Vamos con un caso concreto para que veas cómo se ve en la práctica.
Empresa: startup tecnológica, 25 empleados, oficina en el centro de Valencia.
Propuesta: dos clases semanales de yoga, martes y jueves de 13:00 a 13:50, en el estudio de Laura (a 400 metros de su oficina).
Precio negociado: 10 euros por persona por clase. Mínimo garantizado: 10 personas.
Asistencia real promedio: 12 personas por clase.
Ingresos por clase: 120 euros (12 personas x 10 euros).
Ingresos semanales: 240 euros (2 clases x 120 euros).
Ingresos mensuales: aproximadamente 960 euros (4 semanas).
Coste para Laura: cero. Usa su sala, su material, su profesor que igualmente está contratado en ese horario. El único "coste" es el tiempo del profesor, pero ese tiempo antes estaba dando clase a 3 personas. Ahora da clase a 12. Más rentable.
La empresa paga mensualmente mediante transferencia. Laura les manda factura el día 1 de cada mes con el detalle de asistentes por clase del mes anterior.
El primer contrato fue por tres meses. A los dos meses y medio, el responsable de RRHH le escribió para decir que querían continuar indefinidamente. Llevan ya diez meses. Cero problemas.
Eso es 960 euros al mes recurrentes que antes no existían. En diez meses son 9.600 euros de ingresos adicionales. Por dos horas semanales en un horario que antes estaba vacío.
El mantenimiento: lo que hace que dure
Conseguir el contrato es una parte. Que funcione a largo plazo es otra.
Cosas que Laura aprendió y que hacen que sus colaboraciones con empresas sean estables:
Instructor dedicado. Siempre la misma profesora da las clases corporativas. Eso crea vínculo. Los empleados se acostumbran a ella, confían, se genera relación. Si cada semana va alguien diferente, no se crea esa conexión.
Horario fijo inamovible. Martes y jueves 13:00. No cambia nunca. Eso permite que la gente lo integre en su rutina. Si un día es a las 13:00, otro día a las 14:00, y otro día se cancela, nadie va porque no pueden planificarse.
Comunicación directa con RRHH. Laura tiene el WhatsApp del responsable de recursos humanos de cada empresa. Si hay algún problema, si necesita cambiar algo puntualmente, si hay festivo, hablan directamente. Nada de emails corporativos formales con copia a diez personas.
Recordatorios. Al principio Laura mandaba un mensaje al grupo de WhatsApp que creó con los empleados que iban a las clases. "Mañana nos vemos a las 13:00 como siempre". Parece tonto pero funciona. La asistencia subió.
Flexibilidad razonable. Si en agosto muchos empleados están de vacaciones y solo vienen 5 personas, Laura no cobra el mínimo de 10. Cobra las 5. Porque entiende que es agosto. Esa flexibilidad genera confianza y las empresas lo valoran. No seas rígido hasta el extremo de caer antipático.
Medir y reportar. Cada tres meses Laura manda un pequeño resumen a RRHH. "En el último trimestre hemos tenido X clases, con un promedio de Y asistentes. Los empleados reportan Z". No hace falta una presentación en PowerPoint de 40 páginas. Un email de cinco líneas basta. Pero ese pequeño reporte refuerza el valor de lo que estás haciendo.
Qué hacer si te dicen que no tienen presupuesto
Te va a pasar. "Me encantaría pero ahora mismo no tenemos presupuesto para esto".
Tienes varias opciones.
Opción uno: modelo mixto. La empresa paga una parte, el empleado paga otra. Por ejemplo, la empresa pone 5 euros por clase, el empleado pone 5 euros. Para el empleado sigue siendo más barato que una clase normal (que probablemente cuesta 12-15 euros), y para la empresa el coste se reduce a la mitad.
Opción dos: empiezas con una clase semanal en vez de dos. Menos compromiso económico, más fácil de justificar.
Opción tres: ofreces el primer mes gratis o a mitad de precio. "Os dejo el primer mes a 5 euros por persona para que lo probéis sin riesgo". Si funciona, luego suben a precio normal. Si no, no has perdido mucho.
Opción cuatro: les dices que no pasa nada y que cuando tengan presupuesto te avisen. Y haces seguimiento cada tres o cuatro meses. "Hola de nuevo, ¿ya ha habido novedades con el tema de wellness para empleados?". La persistencia educada funciona.
Laura me contó que con una empresa le dijeron tres veces que no tenían presupuesto. A la cuarta, seis meses después, le escribieron ellos a ella porque habían conseguido una partida de bienestar y se acordaron de su propuesta.
No es un no para siempre. Es un no ahora.
Empresas pequeñas vs empresas medianas
Empresas de 15-30 empleados: más fáciles de contactar, decisiones rápidas, menos burocracia. Pero presupuestos más ajustados. Tendrás que ser flexible en precio.
Empresas de 30-80 empleados: punto dulce. Ya tienen algo de estructura, presupuesto asignado a beneficios, pero la toma de decisiones no es eterna. Una o dos reuniones y cierras.
Empresas de 80-200 empleados: más presupuesto, colaboraciones más grandes, pero procesos más lentos. Puede pasar mes y medio entre tu propuesta y el sí final. Más papeleos, más aprobaciones internas.
Empresas de más de 200 empleados: a veces tienen ya acuerdos con cadenas grandes de gimnasios o plataformas corporativas de wellness. Difícil entrar a menos que tengas algo muy diferenciador.
Laura se enfocó en el rango 20-60 empleados. Es donde encontró más receptividad y menos complicaciones.
Sectores que más compran wellness corporativo
No todos los sectores están igual de predispuestos.
Sectores que muerden rápido:
- Startups tecnológicas: les encanta el tema wellness, está en su cultura, tienen presupuesto, son rápidos decidiendo
- Agencias de marketing y publicidad: empresas jóvenes, empleados millennials y gen Z, valoran mucho el bienestar
- Consultoría y servicios profesionales: mucho estrés, muchas horas, buscan compensarlo con beneficios
- Sector salud (clínicas privadas, farma): irónico pero real, trabajar en salud no significa estar sano, y lo saben
Sectores más difíciles:
- Industria tradicional: no está en su radar, ven el wellness como algo superficial
- Comercio y retail: horarios rotativos, difícil coordinar clases fijas
- Construcción y logística: el perfil de empleado normalmente no está interesado en yoga corporativo
No es que sea imposible en los sectores difíciles, pero tendrás más conversiones yendo a los sectores fáciles primero.
El momento del año importa
Hay momentos mejores para contactar empresas.
Septiembre: empresas empezando año después del verano, haciendo planes, asignando presupuestos. Buen momento.
Enero: propósitos de año nuevo, fresh start, muchas empresas revisan beneficios para empleados. Excelente momento.
Abril-Mayo: mediados de año, algunas empresas ajustan presupuestos. Momento correcto.
Agosto: todo el mundo de vacaciones, nadie te va a contestar. Mala idea.
Diciembre: todos cerrando año, con prisa, sin tiempo para nada nuevo. Mala idea.
Laura empezó a contactar empresas en febrero del año pasado. Cerró su primer contrato en marzo. Perfecto porque abril y mayo ya estaba facturando y el servicio estaba consolidado antes del parón de verano.
Y si no tienes espacio disponible pero quieres hacer B2B igual
Imagina que tus horarios están todos llenos. No tienes huecos muertos. ¿Significa que no puedes trabajar con empresas?
No. Significa que tienes que ir tú a ellos.
Clases en sus oficinas. Llegas con esterillas enrollables, altavoz portátil, y listo. Ellos te facilitan una sala. Das la clase. Te vas.
Esto es más caro para ellos (porque les cobras más) pero más cómodo (porque sus empleados no se mueven).
Precio estándar: 150-250 euros por clase, independientemente del número de asistentes (normalmente entre 10 y 20 personas). O puedes cobrar por persona, en el rango 15-20 euros.
Ventaja extra: no estás limitado por el tamaño de tu centro. Puedes tener cinco empresas cliente, cada una con dos clases semanales, y gestionarlo porque vas a cada sitio en su horario.
Conozco instructoras que han montado su negocio entero sobre este modelo. No tienen local. Solo dan clases en empresas. Menos gastos fijos, menos complicaciones, ingresos buenos.
Es otra vía.
El miedo al rechazo es lo que más frena
Cuando hablé con Laura hace unos meses sobre esto, me dijo algo que me quedó grabado:
"Lo más difícil fue mandar el primer mensaje. Estaba convencida de que me iban a ignorar o a decirme que qué tontería. Me costó una semana entera decidirme. Y cuando por fin mandé el primer mensaje en LinkedIn, la tía me contestó en dos horas diciendo que justo llevaban semanas buscando algo así. Me quedé flipando".
El rechazo va a pasar. Te van a decir que no. Te van a ignorar. Te van a decir que suena interesante pero que ahora no es el momento.
Pero también te van a decir que sí. Y un solo sí puede significar entre 800 y 2.000 euros recurrentes al mes.
Si tienes horarios vacíos en tu centro, si tienes empresas cerca, esto funciona. No es una idea rara. No es complicado. Es buscar en LinkedIn, mandar mensajes, tener un par de reuniones, y cerrar.
Laura ahora tiene tres empresas. Factura unos 2.800 euros al mes solo de corporativo. Eso le permite tener más estabilidad, depender menos de las fluctuaciones de clientes individuales, y llenar horarios que antes eran un agujero en su cuenta de resultados.
Empezó mandando mensajes en LinkedIn. Tú puedes hacer lo mismo.
Abre LinkedIn ahora mismo. Busca empresas de tu zona. Identifica a la persona de recursos humanos. Y mándale un mensaje. Uno solo. Para ver qué pasa.
Ese mensaje puede ser el inicio de 1.000 euros extra al mes. O puede ser un no. Pero no lo sabrás hasta que lo intentes.
Imagen sugerida: Fotografía profesional en plano medio de una clase de yoga o pilates en un entorno corporativo moderno. La escena muestra a un grupo de 8-10 personas en ropa deportiva cómoda practicando sobre esterillas en una sala de oficina luminosa con grandes ventanales. En primer plano, una instructora joven guía la práctica mientras los empleados siguen las posturas con concentración. Al fondo se puede ver sutilmente el ambiente de oficina: mesas de trabajo, plantas, luz natural. La atmósfera debe transmitir profesionalidad, bienestar y modernidad. Colores neutros con toques de verde. Hora del día: mediodía (luz natural intensa). Estilo fotográfico: corporativo pero cálido, enfoque en la conexión humana más que en la perfección técnica de las posturas.

Sobre Equipo Bonsai
Expertos en gestión de centros de bienestar
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