Mantén tu centro de yoga rentable en verano: estrategias que funcionan

El verano no tiene que significar caída de ingresos. Estrategias prácticas para mantener tu estudio lleno y rentable de junio a septiembre.

Equipo Bonsai
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Clase de yoga al aire libre en verano con alumnos practicando

Cada mayo pasa lo mismo. Hablas con dueños de estudios de yoga y pilates y todos dicen alguna versión de esto: "Bueno, ahora viene el verano, ya veremos cómo va". Como si el verano fuera una fuerza de la naturaleza contra la que no se puede hacer nada.

Conozco un centro en Valencia que factura exactamente lo mismo en julio y agosto que en marzo y abril. Mismo número de alumnos, mismos ingresos, mismo nivel de ocupación en clases. Y no es magia. Hace tres años decidieron dejar de aceptar que el verano significaba bajón automático y empezaron a hacer las cosas diferente.

El verano no tiene que ser una mierda para tu negocio. Pero tienes que entender que intentar hacer lo mismo que haces en invierno no va a funcionar. La gente vive diferente en verano, tiene otro ritmo, otras prioridades, otros horarios. Y tú tienes que adaptarte a eso.

Por qué se vacían los centros en verano (y por qué no es culpa tuya)

Primero, no te culpes. La caída de asistencia en verano es real y tiene causas que no controlas.

La gente se va de vacaciones, algunos dos semanas, otros un mes completo. Los horarios cambian porque los niños no tienen cole y hay que reorganizar toda la logística familiar. Hace más calor y a nadie le apetece estar encerrado sudando a las 7 de la tarde. Los findes mucha gente se larga a la playa o a pueblos. Es completamente normal que cueste llenar clases.

Pero aquí está el tema: la gente no deja de necesitar yoga o pilates en verano. De hecho, con tanto cambio de rutina y tanto descontrol de horarios, el cuerpo lo agradece incluso más. El problema no es que no lo necesiten. El problema es que tu oferta no encaja con su realidad de verano.

Si ofreces lo mismo que en invierno (mismos horarios, misma intensidad, mismo formato), la gente simplemente no puede venir. Pero si adaptas tu oferta a cómo vive la gente en verano, puedes mantener (o incluso aumentar) tus ingresos.

Cambia los horarios (de verdad, hazlo)

Esto es lo primero y lo más importante. En verano la gente no vive igual que en invierno. Intentar mantener el horario de siempre es pelearte con la realidad.

Clases muy temprano funcionan sorprendentemente bien

Una de las cosas que más me sorprendió cuando vi centros que lo hacen bien es que ponen clases a las 7:00 de la mañana en verano. Y van llenas. Llenas de verdad.

¿Por qué funciona? Porque la gente que trabaja en verano prefiere mil veces hacer ejercicio antes del trabajo que después. A las 7 de la tarde después del trabajo hace un calor insoportable. A las 7 de la mañana todavía está fresco, la ciudad está tranquila, entras a trabajar a las 9 con el cuerpo completamente despierto.

Yo pensaba que nadie se iba a levantar a las 6:30 para ir a yoga en verano. Me equivocaba. La gente lo hace si se lo pones fácil. Pero tiene que ser algo especial, no tu clase normal. Llámala "Yoga del amanecer" o "Despertar consciente" o algo que suene a que vale la pena madrugar.

Las clases de tarde tienen que ser mucho más tarde

Si vas a poner clases de tarde en julio y agosto, olvídate de las 19:00 o 19:30. Hace un calor insoportable y la gente está todavía trabajando o con niños.

Las clases de verano tienen que ser a las 20:30 o incluso 21:00. Cuando ya ha refrescado un poco, cuando la gente ha cenado algo ligero o ha resuelto el tema de niños. Ahí sí puedes llenar una clase.

Pero que sea suave. Nada de power yoga a las 21:00 en agosto. Yin yoga, yoga restaurativo, estiramientos profundos. Cosas que ayuden a relajar después del día, no a quemar calorías.

Fines de semana por la mañana son oro

En invierno los sábados y domingos por la mañana van bien, pero en verano van todavía mejor. Porque es cuando la gente tiene tiempo de verdad.

Pon una buena clase el sábado a las 10:00 o 10:30. No muy temprano porque la gente quiere dormir un poco, pero tampoco tarde porque luego tienen planes. Y que sea una clase chula, algo especial. No tu clase estándar de entre semana.

Puede ser una clase temática: "Flow y café" (haces la clase y después tomáis café juntos), "Yoga y brunch" si te juntas con alguna cafetería de la zona, o simplemente una clase más larga de 90 minutos en vez de los 60 habituales.

Los bonos de verano tienen que ser diferentes

Si intentas vender tus bonos normales en verano vas a tener problemas. Porque la gente sabe perfectamente que se va a ir de vacaciones, que va a venir menos, y no le compensa comprar un bono de 10 clases que caduca en 3 meses si solo va a poder venir a 4 o 5.

El bono flexible de verano

La solución es un bono específico para verano con condiciones diferentes.

"Bono verano: 8 clases válidas de 1 de junio a 30 de septiembre"

Fíjate en las diferencias: menos clases (8 en vez de 10), pero mucho más tiempo para usarlas (4 meses en vez de 3). Y posiblemente un poco más caro por clase que tu bono normal, porque estás dando más flexibilidad.

Esto le dice al alumno: "Entiendo que te vas a ir de vacaciones, que algunos semanas vendrás y otras no. Esto se adapta a tu verano, no al revés".

Y funciona. Porque quitas la excusa. Ya no pueden decir "es que me voy dos semanas a Galicia y voy a perder clases". No, no vas a perder nada, tienes hasta septiembre.

Pausar bonos sin poner pegas

Si alguien tiene un bono activo y se va de vacaciones tres semanas, déjale pausarlo sin dramas. Sí, técnicamente pierdes porque alarga la duración del bono. Pero ganas porque ese alumno se siente cuidado y va a volver.

He visto centros que se ponen duros con esto y dicen "no, el bono caduca cuando caduca, tendrias que haber calculado mejor". ¿Resultado? El alumno pierde clases que pagó, se mosquea, y en septiembre no vuelve o vuelve con menos ganas.

En cambio, si le dejas pausar, cuando vuelve de vacaciones está contentísimo y con ganas de retomar. Y además te lo agradece y se lo cuenta a otra gente.

La flexibilidad en verano no es ser blando. Es ser inteligente.

Lleva las clases al aire libre (en serio, funciona)

Esto es algo que muchos centros no se atreven a hacer y no entiendo por qué. Las clases al aire libre en verano son un éxito casi garantizado.

Dónde hacerlas

No necesitas una playa paradisíaca. Cualquier parque grande sirve. Un jardín público, una zona verde, incluso el patio interior de un edificio si tienes acceso.

En ciudades hay montones de espacios: parques municipales, junto al río si hay, jardines botánicos algunos días los ceden, incluso azoteas de edificios.

Lo importante es que sea un sitio con sombra a las horas en que vas a dar clase, y que esté relativamente tranquilo. No puedes dar clase al lado de una obra o de un sitio con música a todo volumen.

Qué clase dar al aire libre

No todas las clases funcionan igual fuera que dentro. Una clase de vinyasa dinámico con música al aire libre puede ser complicada. En cambio, una clase de yoga suave o meditación al atardecer es perfecta.

Las mejores opciones:

  • Hatha yoga suave, con posturas que se mantienen
  • Yin yoga, que es lento y no necesitas música fuerte
  • Yoga restaurativo con props
  • Meditación guiada y pranayama
  • Estiramientos conscientes tipo somatics

Lo que sea pausado, introspectivo, sin grandes movimientos explosivos. Porque al aire libre hay distracciones (gente que pasa, pájaros, el sol que se mueve) y necesitas algo que fluya con eso, no que luche contra eso.

Cómo gestionarlo técnicamente

Tienes que avisar a tus alumnos de que traigan su propia esterilla (no puedes estar cargando 15 esterillas en el coche). Y que vengan con ropa adecuada: gorra si es por la mañana con sol, camiseta de manga larga si puede haber mosquitos al atardecer.

Necesitas un altavoz bluetooth decente que se oiga bien. Tu voz sola no llega, hay demasiado ruido ambiental.

Y muy importante: plan B si llueve o hace mucho viento. Avisa con tiempo si tienes que cancelar o cambiar al interior. Un mensaje de WhatsApp dos horas antes es suficiente.

Crea packs y eventos especiales que solo existen en verano

El verano es momento de experimentar y hacer cosas diferentes. Aprovecha.

Pack yoga + playa para turistas

Si estás en una ciudad de costa o cerca, puedes hacer un pack "Yoga y playa" para turistas que vienen de vacaciones.

Clase de yoga suave a las 9 de la mañana, y luego les das un mapa con las mejores playas de la zona y recomendaciones de dónde comer. Esto lo vendes como experiencia, no solo como clase.

Lo promocionas en Airbnb Experiences, en grupos de Facebook de turismo de tu ciudad, en hostels y hoteles. Turistas que practican yoga en sus ciudades y están encantados de seguir practicando de vacaciones.

No son alumnos recurrentes, obviamente. Pero te dan ingresos extra en meses que normalmente bajan, y algunos dejan buenas reseñas en Google que te ayudan todo el año.

Talleres de verano los sábados por la mañana

Un taller mensual en julio y agosto los sábados por la mañana puede funcionar muy bien.

No tiene que ser nada del otro mundo. "Taller de respiración y gestión del estrés", "Introducción a la meditación para principiantes", "Yoga para mejorar el sueño". Cosas prácticas que la gente necesita.

Dos horas de taller, lo cobras entre 20-30 euros. Puede venir gente que ya va a tu centro y gente nueva que no se atreve a comprometerse con un bono pero sí a probar un taller suelto.

Y los talleres tienen otra ventaja: no necesitas mínimos de asistencia tan altos. Con 6-8 personas ya te sale rentable, mientras que una clase normal necesitas al menos 10-12 para que compense.

Retiro de día (sin irse del pueblo)

Esto es algo que vi hacer a un centro de Madrid y me pareció genial. Un "retiro de día" un domingo de julio.

De 10 de la mañana a 6 de la tarde. Sesión de yoga por la mañana, comida saludable todos juntos (cada uno trae algo), taller de meditación o pranayama, otra sesión suave al final del día. Todo en el propio centro o en un espacio alquilado tipo casa rural cerca.

Lo cobras como evento especial, 60-80 euros. No es barato, pero es una experiencia completa. La gente que no se puede permitir irse un fin de semana a un retiro de verdad, esto le viene perfecto.

Y creas comunidad. Pasar un día entero juntos genera vínculos que no se crean en clases sueltas de una hora.

La comunicación en verano es diferente

Si te comunicas con tus alumnos igual en verano que en invierno, pierdes.

Sé más presente, no menos

Muchos centros en verano se desconectan. Dejan de publicar en Instagram, dejan de mandar newsletters, como que se van ellos también de vacaciones mentalmente. Error brutal.

Justo en verano, cuando todo cambia, tienes que comunicar más. Avisar de cambios de horario, recordar las clases especiales, compartir tips para practicar en casa cuando la gente esté de viaje.

Contenido útil para el verano

Publica cosas que sirvan en verano:

  • Secuencias cortas para hacer en la habitación del hotel
  • Ejercicios de respiración para viajes largos en coche
  • Estiramientos para después de estar en la playa
  • Meditaciones guiadas de 5 minutos en audio

Esto no vende directamente, pero mantiene tu presencia en sus vidas. Y cuando vuelven de vacaciones en septiembre, se acuerdan de ti porque les has estado acompañando todo el verano.

Recordatorios de bonos que caducan

En verano muchísima gente se olvida de que tiene bonos activos. Un mensaje amable recordándoselo es un servicio, no una molestia.

"Hola María, veo que te quedan 3 clases del bono y caduca el 15 de agosto. ¿Quieres venir esta semana o prefieres pausarlo mientras estás de vacaciones?"

Eso es atención personalizada que la gente valora muchísimo.

Ofrece opciones para practicar desde casa

Algunos de tus alumnos se van a ir un mes entero de vacaciones. No vas a verlos. Pero puedes mantenerlos conectados.

Clases online en verano

Sí, ya sé que todo el mundo está harto de clases online después de la pandemia. Pero una o dos clases online a la semana en verano puede ser perfecta para gente que está fuera pero quiere seguir practicando.

No hace falta que sea en directo necesariamente. Puedes grabar una clase de 45 minutos cada semana y mandarla a tus alumnos activos por email o por WhatsApp. Gratis, como servicio extra para ellos.

O si prefieres monetizarlo, haces un "Pack verano online": acceso a clases grabadas durante julio y agosto por 30 euros. Para gente que está de viaje pero quiere seguir practicando en su hotel o casa de vacaciones.

Retos de verano para mantener la práctica

Esto es más para comunidad que para ingresos directos. "Reto de 21 días de yoga en agosto".

Cada día mandas una mini práctica de 15-20 minutos por video o por instrucciones escritas. La gente lo hace cuando puede y comparte en un grupo de WhatsApp o Telegram.

No es una clase completa, es algo light que pueden hacer en cualquier momento del día. Pero mantiene el hábito activo, mantiene la conexión con tu centro, y hace que en septiembre sea más fácil que vuelvan a las clases presenciales.

Los números reales: cuánto puedes mantener

Vamos a ser realistas. Por muy bien que lo hagas, vas a tener algo de bajón en verano. No vas a tener el 100% de ocupación de marzo.

Pero la diferencia entre no hacer nada y hacer las cosas bien es enorme.

Un centro que no se adapta puede perder un 50-60% de asistencia en julio y agosto. Las clases que tenían 15 personas pasan a tener 6-7. Es duro y genera estrés financiero.

Un centro que se adapta bien puede mantener un 70-80% de la asistencia habitual. Sí, pierde algo, pero es manejable. Y en algunos casos, con eventos especiales y talleres, hasta compensa lo que pierde en clases normales.

Si normalmente ingresas 5.000 euros al mes con clases regulares, y en verano sin cambiar nada bajas a 2.500, eso duele. Dos meses así son 5.000 euros menos en el año.

Pero si adaptas bien y mantienes 4.000 euros al mes (con bonos flexibles, clases adaptadas y eventos especiales), la diferencia son solo 1.000 euros por mes. Mucho más asumible.

Y además, los alumnos que mantienen su práctica en verano son alumnos que en septiembre vuelven con todo. No tienes que volver a captarlos ni a convencerlos. Ya están dentro.

Septiembre: el mes que se gana en verano

La verdad escondida es esta: lo que hagas en verano determina cómo va a ser tu septiembre.

Si en verano te desconectas, ofreces lo mismo de siempre sin adaptarte, y dejas que la gente se vaya sin más, septiembre va a ser duro. Vas a tener que volver a captar gente, reactivar antiguos alumnos, empezar casi desde cero.

Pero si en verano mantienes la conexión, ofreces opciones flexibles, y cuidas a tus alumnos aunque vengan menos, en septiembre esa gente vuelve directamente. Y además vienen con amigos porque han hablado bien de ti.

Conozco centros que el 60% de sus alumnos nuevos en septiembre vienen por recomendación de alumnos que siguieron conectados durante el verano. Eso es marketing gratis y de calidad.

El error más grande que puedes cometer

El error más grande es ver el verano como algo que hay que aguantar. Dos meses de sufrimiento hasta que llegue septiembre y todo vuelva a la normalidad.

Esa mentalidad es la que te hunde. Porque si tú estás en modo supervivencia, tus alumnos lo notan. Y si notan que tú has tirado la toalla, ellos también tiran la toalla.

En cambio, si ves el verano como una oportunidad para hacer cosas diferentes, experimentar con horarios y formatos nuevos, y ofrecer lo que tus alumnos realmente necesitan en ese momento, todo cambia.

El verano no tiene que ser tu enemigo. Puede ser tu momento para destacarte, para hacer cosas que otros centros no hacen, para cuidar a tus alumnos de una forma especial.

Y lo mejor es que no necesitas invertir dinero extra. Solo necesitas pensar diferente y estar dispuesto a adaptar lo que ya tienes.

Bonos flexibles, horarios adaptados, alguna clase al aire libre, talleres especiales los fines de semana, comunicación constante. Con eso ya estás por encima del 80% de centros que simplemente aceptan el bajón.

Junio empieza a planificar. Julio y agosto ejecutas. Septiembre recoges los resultados.

Eso es todo lo que hace falta.

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