Vender productos en tu estudio sin convertirte en el típico gimnasio que te vende batidos de proteína
Cómo generar 200-400€ extra al mes vendiendo productos sin parecer una tienda del todo a cien. Lo que funciona, lo que no, y cómo hacerlo sin perder tu esencia.
Equipo Editorial

Hace dos años Silvia montó una tienda en su estudio de pilates en Murcia. Compró de todo: esterillas baratas de colores fosforitos que encontró en un mayorista chino, camisetas con frases motivacionales, botellas de agua con brillantina, inciensos, pulseras de cuarzo, gomas elásticas que se rompían a la tercera clase, y hasta unos batidos verdes que le ofreció un proveedor que pasó por allí.
Puso todo en una estantería gigante justo en la recepción. Primera cosa que veías al entrar. La estantería ocupaba medio espacio de la entrada y tenía de todo menos orden. Parecía un bazar.
Al tercer mes había vendido exactamente tres esterillas y una botella de agua. El resto seguía ahí, cogiendo polvo, y sus alumnas entraban esquivando la mirada para no tener que lidiar con el "¿no quieres llevarte algo?" de turno. Silvia acabó regalando la mitad de las cosas y tirando la otra mitad a la basura. Pérdida total: 1.800 euros.
Ahora, déjame contarte el otro caso.
Laura tiene un centro de yoga en Girona desde hace cuatro años. Hace un año y medio decidió meter productos en el estudio. Pero lo hizo diferente. Muy diferente.
Eligió exactamente cinco productos. Solo cinco. Los puso en una esquinita del estudio, bien ordenados, con un cartelito pequeño que decía "Si te interesa algo, pregúntame". Nunca mencionaba nada a menos que alguien preguntara o hubiera un momento natural para ofrecerlo.
En los últimos doce meses ha vendido productos por valor de 4.900 euros. Le ha quedado un beneficio neto de unos 1.600 euros después de costes. Son 133 euros al mes de media que entran sin esfuerzo. No es que se haya forrado, pero es dinero que antes no tenía. Y lo mejor: ninguna de sus alumnas siente que está en un gimnasio comercial. De hecho, varias le han agradecido que "por fin" tuviera esas cosas disponibles.
La diferencia entre Silvia y Laura no es suerte. Es saber exactamente qué vender, cómo venderlo, y sobre todo, qué NO vender.
El error número uno: intentar ser una tienda
Tu estudio no es una tienda. Es un estudio con algunos productos que tienen sentido para tu gente. Esa distinción es todo.
El problema de Silvia fue que intentó montar un minicomercio. Muchos productos, muchas opciones, todo muy visible. Cuando haces eso, tu espacio deja de sentirse como un lugar donde vas a practicar y se convierte en un sitio donde te van a intentar vender algo cada vez que entras.
Tus alumnos vienen a desconectar, a moverse, a sentirse bien. No vienen a que les recomienden la crema anticelulítica del mes. Si metes retail de forma agresiva, rompes todo el ambiente que tanto te ha costado crear.
Lo que funciona es lo contrario: tener pocos productos, muy bien elegidos, disponibles de forma discreta. La gente los ve, les interesa, preguntan, compran. O no compran. Y no pasa nada. Cero presión.
Laura me dijo algo que resume esto perfectamente: "Si alguien entra a mi centro y lo primero que ve son productos en plan tienda, he fallado. Quiero que lo primero que sientan sea paz, espacio limpio, ganas de quedarse. Los productos están ahí para quien los necesite, pero no son el protagonista".
Qué vender: la lista corta de cosas que realmente se compran
Esto es super importante. No vendas cincuenta cosas diferentes porque crees que "más opciones es mejor". Es peor. Menos opciones bien elegidas venden mucho más que un montón de productos random.
Laura vende exactamente esto en su centro:
1. Esterillas de calidad media-alta (38 euros) No las más baratas ni las más caras. Una marca conocida, buena, que ella misma usa. Las compra a 22 euros en un distribuidor, las vende a 38. Margen del 42%. Vende entre 4 y 6 al mes. Muchas personas vienen con esterillas del Decathlon que se desligan o huelen raro. Cuando ven la diferencia de calidad, quieren una igual.
2. Bloques de corcho (14 euros el par) No de plástico. De corcho. Más caros pero mucho mejores. Los compra a 8 euros el par, los vende a 14. Vende unos 8-10 pares al mes. Todo el mundo que practica yoga con regularidad acaba necesitando bloques. Si no los vendes tú, los compran en Amazon.
3. Straps de yoga (9 euros) Básico. Todo practicante intermedio necesita uno tarde o temprano. Los compra a 5 euros, los vende a 9. Vende entre 6 y 8 al mes.
4. Camisetas del estudio con diseño bonito (25 euros) No con logos gigantes ni frases cursis. Un diseño minimalista, la marca del estudio pequeñita, en colores neutros. Buena calidad de tela. Las manda hacer en una imprenta local de Girona a 12 euros la unidad (pedidos mínimos de 25 camisetas). Las vende a 25. Margen del 52%. Vende entre 3 y 5 al mes. Esto funciona muy bien porque genera sentido de pertenencia sin ser hortera.
5. Esterillas personalizadas con el logo del estudio (65 euros) Este es el producto premium. Son esterillas de muy buena calidad con el logo del centro grabado de forma discreta. Las manda hacer a un proveedor que hace productos custom. Le cuestan 38 euros la unidad, las vende a 65. Solo tiene cuatro en stock porque no todo el mundo las compra, pero cuando alguien las compra el margen es bueno. Vende 1-2 al mes.
¿Ves el patrón? Solo productos relacionados 100% con lo que haces. Nada de inciensos místicos, pulseras con frases motivacionales, agendas con mantras, o batidos detox. Productos físicos que la gente usa en clase o necesita para practicar en casa.
Y otra cosa importante: productos que ella misma usa y puede recomendar con total tranquilidad. Si alguien le pregunta "¿vale la pena esta esterilla?" puede decir "yo tengo la misma desde hace dos años y está perfecta" en vez de "pues no sé, no la he probado".
Lo que NO debes vender nunca
Vamos a ser claros con esto. Hay productos que aunque técnicamente podrías vender, no debes. Porque te hacen perder credibilidad o porque simplemente son una mierda.
Productos muy baratos de calidad dudosa: Esterillas de 10 euros que se rompen a las tres semanas. Bloques de espuma que se hunden. Ropa que encoge en el primer lavado. Da igual el margen que tengas. Si vendes algo malo, la gente asocia esa mala calidad con tu centro. No merece la pena.
Suplementos y productos nutricionales: A menos que seas nutricionista titulado, no vendas nada relacionado con alimentación o suplementación. Es un terreno legal complicado, puede generar problemas de responsabilidad, y además está super saturado. Los gimnasios grandes ya tienen esta mala fama de venderte batidos y proteínas hasta para atarte los cordones. No te metas ahí.
Productos místicos sin relación con tu práctica: Si eres un estudio de yoga serio y de repente vendes "velas de abundancia" o "pulseras de chakras", pierdes credibilidad. A menos que tu marca esté 100% en esa línea (y sepas de lo que hablas), mejor evitarlo.
Demasiadas marcas diferentes: Si tienes esterillas de cuatro marcas distintas, ropa de seis, y bloques de tres, solo generas confusión y tienes que gestionar stock de mil cosas. Elige una o dos marcas máximo por categoría. Menos es más.
Productos que no usas tú: Si no lo usarías en tu propia práctica, no lo vendas. Así de simple. Tu reputación está en juego cada vez que alguien se lleva algo con tu recomendación.
Carlos tiene un box de CrossFit en Valencia. Hace tres años un proveedor le ofreció venderle unas muñequeras "pro" con descuento de mayorista. Compró 50 unidades. A la tercera clase varias se rompieron. Tuvo que devolver el dinero a cuatro personas y regalar muñequeras buenas de otra marca como disculpa. Pérdida de dinero y, peor aún, pérdida de confianza. Me dijo: "Desde entonces solo vendo cosas que yo mismo uso. Si no me fío, no entra en mi box".
Placement: dónde y cómo poner los productos
Esto es casi más importante que qué vendes. Porque puedes tener productos perfectos y arruinarlo con una presentación hortera o agresiva.
La regla de oro: visible pero discreto. La gente tiene que ver que tienes productos, pero no tiene que sentirse invadida por ellos.
Laura tiene sus productos en una estantería pequeña de madera clara en una esquina del recibidor. No es lo primero que ves cuando entras, pero si miras a la derecha ahí están. Todo muy ordenado: esterillas apiladas, camisetas dobladas, bloques en un cesto bonito. Parece una esquina cuidada de una casa, no una tienda.
Tiene un cartelito de madera con los precios escritos a mano. Nada de carteles de supermercado con letras rojas gigantes tipo "OFERTA" o "APROVECHA". Todo muy zen, muy coherente con la estética del lugar.
El error que cometió Silvia (y que cometen muchos) es poner todo en la recepción justo donde pagas. Eso hace que la gente sienta que cada vez que paga su clase le vas a intentar colar algo más. Recepción es para pagar, reservar, hablar. Productos en otro espacio, aunque sea a dos metros de distancia.
Otro detalle: Laura no tiene los productos detrás del mostrador como en una tienda. Están en una estantería abierta donde la gente puede verlos, tocarlos, mirarlos. Eso elimina la barrera de "tengo que pedir permiso para ver esto". Si algo les llama la atención, lo cogen, lo miran, preguntan el precio si no lo ven. Natural.
Precio: ni competir con Amazon ni robar
Este es un tema delicado. Hay centros que venden esterillas a 25 euros cuando en Amazon están a 18. La gente lo ve, compara, y siente que les están timando. Luego hay centros que las venden al mismo precio que Amazon. Y entonces, ¿para qué comprarlas ahí si puedo pedirlas online y me llegan mañana a casa?
El truco está en el punto medio. Cobras un poco más que online, pero ofreces algo que Amazon no puede ofrecer: consejo personal, verlo y tocarlo antes de comprar, llevártelo ahora mismo sin esperar, y la tranquilidad de que si hay algún problema puedes hablar con una persona que conoces.
Laura usa esta regla simple: margen del 30-45% dependiendo del producto. No más, no menos. Eso le permite comprar buena calidad, tener un beneficio justo, y no sentir que está abusando de la confianza de su gente.
Una esterilla que en Amazon vale 32 euros, ella la vende a 38. Seis euros más. ¿Por qué alguien pagaría esa diferencia? Porque Laura se la recomienda personalmente, sabe que es la misma que ella usa, se la puede llevar hoy y estrenarla mañana, y si tiene cualquier duda o problema sabe que Laura está ahí.
Además, hay un factor psicológico importante: cuando alguien compra algo en tu centro, no solo está comprando el producto. Está apoyando tu negocio. Y mucha gente prefiere dejar su dinero en un local que conoce y en el que confía que en Amazon. No todo el mundo, pero mucha sí.
Tampoco te pases. Si vendes bloques de corcho a 28 euros cuando en cualquier tienda de yoga online están a 15, la gente lo nota y se siente estafada. El precio tiene que ser razonable y defendible.
Productos de instructores locales: colaboraciones que funcionan
Esto Laura lo descubrió por casualidad y ahora es una de sus cosas favoritas. Una de sus alumnas, Nuria, hace bolsas de tela artesanales para llevar esterillas. Diseños bonitos, hechos a mano, buena calidad. Laura le propuso venderlas en el estudio.
Acuerdo: Nuria le deja 10 bolsas en consignación. Precio de venta: 18 euros. Nuria se queda 14 euros por bolsa, Laura se queda 4. Cuando se vende una, Laura le paga a Nuria y ella le trae otra para reponer.
En seis meses han vendido 47 bolsas. Nuria ha ganado 658 euros haciendo lo que le gusta. Laura se ha quedado 188 euros sin hacer nada más que tenerlas expuestas. Y las alumnas están encantadas porque son productos únicos que no encuentran en otro sitio.
Esto funciona bien con:
- Productos textiles hechos a mano (bolsas, scrunchies, fundas)
- Velas naturales de instructores que las hacen como hobby
- Aceites o bálsamos de masaje si hay alguien de confianza que los fabrique bien
- Ilustraciones o láminas de temática relacionada si hay algún alumno artista
La clave es que sea alguien de confianza, que el producto sea bueno de verdad, y que tenga sentido para tu centro. No vendas las magdalenas caseras de la tía de alguien porque "le hacemos un favor". Tiene que aportar valor real a tu gente.
Packs de regalo: la mina de oro de Navidad y cumpleaños
Laura también hace esto y le funciona muy bien. Crea packs de regalo en momentos clave del año: Navidad, San Valentín, Día de la Madre.
El pack típico de Navidad incluye:
- Una esterilla de calidad media (38€)
- Un par de bloques de corcho (14€)
- Un strap de yoga (9€)
- Una camiseta del estudio (25€)
- Todo metido en una bolsa de tela bonita con un lacito
Coste para Laura: unos 50 euros en total. Lo vende como pack regalo a 75 euros. Descuento de 11 euros respecto a comprar todo por separado, pero sigue ganando bien.
Hace cuatro packs en noviembre y los pone en la zona de productos con un cartelito: "Pack regalo completo para iniciarse en yoga - 75€". En dos semanas vende los cuatro. Hace seis más. Los vende todos antes de Navidad.
Son 750 euros en ventas de packs, con un coste de unos 500 euros. Beneficio de 250 euros solo en diciembre por montar unos packs bonitos. Y no tuvo que hacer publicidad ni nada. Simplemente los puso ahí y la gente los vio.
La gente busca regalos relacionados con wellness todo el tiempo. Y no saben qué comprar. Si les das un pack ya montado, bonito, a precio razonable, se lo llevan sin pensarlo.
Venta natural: deja que el producto se venda solo
Laura nunca, repito, NUNCA le dice a alguien "oye deberías comprarte esto". Jamás. Lo que hace es que cuando alguien pregunta o hay un momento natural, ofrece.
Por ejemplo: una alumna nueva llega con una esterilla prestada del estudio que ya está bastante desgastada. Después de clase le dice "qué gusto da practicar con una esterilla nueva, ¿verdad?". Laura responde: "Sí, la esterilla marca la diferencia. Si en algún momento quieres comprarte una, tengo las que uso yo ahí en la esquina. Son buenísimas y te duran años".
Punto. No insiste. No presiona. Solo informa de que existe la opción.
Otro ejemplo: en mitad de clase alguien comenta "es que no llego a coger el pie, no sé qué hacer". Laura le presta un strap que tiene por allí. Al final de clase le dice "el strap ayuda un montón para estas cosas. Tengo algunos nuevos a 9 euros si te interesa llevarte uno para casa".
O este, que me encanta: una alumna viene a clase con una camiseta del estudio. Otra alumna le pregunta "ay, ¿dónde compraste esa camiseta?". La alumna dice "aquí en el estudio, Laura las tiene". Venta directa sin que Laura mueva un dedo.
La mejor venta es la que ni siquiera tienes que hacer tú. Simplemente tener productos buenos, visibles, y dejar que la gente los descubra. Si son útiles y están bien puestos, se venden solos.
David tiene un estudio de pilates en Alicante. Cuando metió productos hace un año, su miedo era "convertirme en un vendedor". Le dije exactamente lo que Laura hace: tenlos disponibles, menciónalos solo cuando tenga sentido, y nunca presiones. Los primeros tres meses vendió poco porque ni siquiera los mencionaba. Luego empezó a hablar de ellos de forma natural cuando venía a cuento. Ahora vende entre 300 y 450 euros al mes en productos sin que nadie sienta que les está vendiendo nada.
Los números reales: cuánto puedes ganar sin volverte loco
Vamos a los datos concretos de Laura porque los números hablan solos. Su centro tiene 68 alumnos activos de media. No es un estudio gigante. Es pequeño-mediano.
Ventas de productos en los últimos 12 meses:
- Esterillas normales: 58 unidades x 38€ = 2.204€
- Esterillas personalizadas: 14 unidades x 65€ = 910€
- Bloques de corcho: 96 pares x 14€ = 1.344€
- Straps: 74 unidades x 9€ = 666€
- Camisetas: 52 unidades x 25€ = 1.300€
- Bolsas artesanales (colaboración): 47 unidades x 18€ = 846€ (de los cuales 188€ son para Laura)
- Packs de regalo: 18 packs x 75€ = 1.350€
Ingresos totales por productos: 8.620 euros en 12 meses.
Costes aproximados de todos esos productos: 5.100 euros (incluye compra, alguna merma, costes de envío).
Beneficio neto: 3.520 euros al año. Son 293 euros al mes de media.
¿Es una fortuna? No. ¿Es un dinero extra que antes no tenía y que entra casi sin esfuerzo? Sí. Y eso sin contar el beneficio indirecto: alumnas que están más contentas porque tienen acceso a productos que necesitan, sentimiento de comunidad más fuerte (las camisetas del estudio hacen mucho en este sentido), y fidelización.
Y otro dato importante: Laura le dedica unas dos horas al mes a gestionar productos. Hacer pedidos, reponer stock, contestar dudas. Dos horas. No es un trabajo extra que la mate. Es algo que hace tranquilamente cuando tiene un hueco.
En centros más grandes he visto cifras más altas. Un estudio con 120 alumnos puede perfectamente sacar 500-600 euros al mes de productos bien gestionados. Pero el punto no es forrarte. El punto es diversificar ingresos y aportar valor.
El error de intentar forrarte con productos
Vamos a hablar de esto porque es importante. Los productos en tu estudio NO son el negocio. Son un complemento. Tu negocio son las clases. Los productos están ahí para:
- Facilitar la vida a tu gente
- Generar un ingreso extra modesto
- Reforzar tu marca y comunidad
- Dar opciones a quien las necesite
Si empiezas a ver los productos como una forma de "ganar dinero de verdad", vas a caer en la trampa de Silvia: meter un montón de cosas, cobrar márgenes altos, presionar para vender. Y vas a terminar convirtiendo tu espacio en algo que no querías que fuera.
Laura me dijo algo muy sensato: "Gano más dinero subiendo mis clases dos euros que vendiendo productos. Los productos son un extra que está bien, pero mi foco es que la gente venga a clase, esté contenta, y renueve. Si además se compran una esterilla, genial. Pero eso nunca va a ser mi prioridad".
Exacto. Mantén las prioridades claras. Productos es la guinda. No el pastel.
Productos de marca blanca con tu logo: ¿merece la pena?
Esto Laura lo hace solo con un producto: las esterillas personalizadas con el logo del estudio. Y le funciona bien. Pero le costó encontrar el proveedor adecuado.
Las esterillas custom se las hace una empresa de Barcelona que se especializa en esto. Pedido mínimo: 20 unidades. Coste por unidad: 38 euros con el grabado del logo incluido. Ella las vende a 65.
Hizo el primer pedido hace 14 meses. Tenía miedo de quedarse con 20 esterillas que nadie compraría. Le costaron 760 euros de golpe. Las vendió todas en 8 meses. Hizo otro pedido de 15 unidades. Va por la mitad.
¿Merece la pena? Para ella sí, porque hay alumnas que quieren algo especial, algo que tenga la marca del estudio, algo único. Y están dispuestas a pagar más por eso. No es para todo el mundo, pero para un sector de su gente sí.
Con las camisetas hizo lo mismo. Encargó 25 camisetas con el logo del estudio a una imprenta local. Le costaron 12 euros cada una. Las vende a 25. Ha hecho ya tres pedidos. Funcionan muy bien porque generan sentido de pertenencia. La gente va por la calle con la camiseta del estudio y se siente parte de algo. Eso no lo compras en Amazon.
¿Deberías hacer productos con tu logo en todo? No. Solo en cosas que realmente tenga sentido y que sepas que vas a vender. No hagas bloques de corcho con tu logo ni straps personalizados. Es ridículo y no le aporta nada a nadie. Pero esterillas y ropa sí funciona.
El error que he visto es gente que encarga 200 camisetas porque "sale más barato por unidad" y luego se quedan con 150 sin vender durante dos años. Empieza con pedidos pequeños. Si se venden, haces otro pedido. Mejor quedarte sin stock puntualmente que tener el almacén lleno de mierda que no se mueve.
Cómo empezar sin arruinarte
Si estás leyendo esto y piensas "vale, quiero meter productos pero no sé por dónde empezar", hazlo simple. Muy simple.
Empieza con tres productos. Solo tres. Elige los que más sentido tengan para tu gente y que tú uses personalmente.
Para un centro de yoga, mi recomendación:
- Esterillas de buena calidad (una marca concreta, la que tú uses)
- Bloques de corcho (todos los practicantes los necesitan tarde o temprano)
- Straps de yoga
Inversión inicial: unos 400-500 euros si compras pocas unidades de cada.
- 5 esterillas x 22€ = 110€
- 10 pares de bloques x 8€ = 80€
- 10 straps x 5€ = 50€
- Total: 240€ en productos
Pon los productos en una esquina discreta con un cartel simple de precios. No digas nada durante dos semanas. Solo déjalos ahí. La gente los verá, preguntará, algunos comprarán.
Cuando vendas la mitad, haces otro pedido. Vas viendo qué se mueve más, qué se mueve menos. A los tres meses ya sabes qué funciona y puedes ajustar o meter un cuarto producto si tiene sentido.
No te metas en pedidos enormes al principio. No hagas productos personalizados todavía. No intentes vender veinte cosas diferentes. Tres productos bien elegidos, bien presentados, y paciencia.
Si en tres meses ves que funciona y se vende, metes una o dos cosas más. Si no se vende nada, no pasa nada. Has probado con una inversión pequeña y ahora sabes que tu gente prefiere comprar online o no necesita productos. No todos los centros tienen que vender productos. Pero muchos podrían hacerlo bien y están dejando dinero encima de la mesa.
La verdad incómoda sobre vender en tu estudio
Vamos a cerrar con esto porque es lo más importante. Vender productos en tu estudio no te va a hacer rico. No es el próximo nivel de tu negocio. No es la solución a tus problemas de facturación.
Es simplemente una forma de darle más opciones a tu gente, generar un ingreso extra modesto, y reforzar tu marca. Nada más, nada menos.
Si lo haces bien, como Laura, ganas entre 200 y 400 euros al mes sin esfuerzo, tu gente está contenta porque tiene acceso a productos buenos, y tu estudio se siente más completo.
Si lo haces mal, como Silvia, pierdes dinero, tu espacio parece una tienda del todo a cien, y tus alumnas empiezan a sentir que cada vez que entran les vas a intentar vender algo.
La diferencia está en la intención. ¿Estás poniendo productos porque realmente crees que tu gente los necesita y les vas a facilitar la vida? Hazlo. ¿Estás poniendo productos porque "todos los centros venden cosas y yo también quiero ganar más dinero"? No lo hagas.
Tu reputación se construye en años y se destruye en semanas. Una mala experiencia de compra, un producto de mala calidad, un precio abusivo, y la gente pierde confianza. No merece la pena arriesgar eso por unos euros extra.
Pero si lo haces con cabeza, eligiendo bien, presentando bien, sin presionar nunca, y ofreciendo solo cosas que tú misma usarías, puede ser una muy buena adición a tu estudio. Y tus números te lo van a agradecer.
Imagen sugerida:
Fotografía de un rincón acogedor de un estudio de yoga o pilates con luz natural. En primer plano, una pequeña estantería de madera clara organizada de forma minimalista con 4-5 productos cuidadosamente colocados: dos esterillas enrolladas apoyadas verticalmente, bloques de corcho en un cesto de mimbre, algunas camisetas dobladas de forma ordenada, y un pequeño cartel de madera con precios escritos a mano. Todo tiene un aspecto muy cuidado pero discreto. De fondo desenfocado se puede ver parte de la sala de práctica con luz natural entrando por ventanas. Los colores son cálidos y naturales: maderas claras, blancos, beiges, algún toque de verde de plantas. La imagen debe transmitir la sensación de "esquina bonita de una casa" más que "tienda", y debe verse profesional pero cercana, cuidada pero sin artificios. Nada de productos amontonados ni estética comercial agresiva. Todo respira calma, orden y buen gusto.

Sobre Equipo Bonsai
Expertos en gestión de centros de bienestar
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